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Una década entre la ilusión y el desencanto de la tecnología

El 20 de diciembre pasado nos dio el mejor ejemplo de cómo termina la década digital: Facebook y Twitter descubrieron y cerraron una red de cuentas falsas que alcanzaba a 55 millones de usuarios que apoyaban a Donald Trump, y que usaban caras generadas por inteligencia artificial para parecer ciudadanos norteamericanos reales que trinaban honestamente a favor del presidente. Los creadores de este engendro invirtieron casi 10 millones de dólares en publicidad en Facebook para promoverlas. La tecnopolítica es el personaje de la década en la cultura digital.

En 2010 se pensaba que las tecnologías que entonces estaban en furor cambiarían el mundo. Y lo hicieron, pero no en el sentido en que la gente lo soñó. Startups inspiradoras que un puñado de emprendedores legendarios fundaron de la nada se convirtieron en monopolios voraces que controlan las búsquedas en internet, la publicidad y las ventas en línea, y que impiden el crecimiento de la economía. Por su parte, la inteligencia artificial, que liberaría a los humanos de las tareas tediosas, terminó en la dictadura de los algoritmos, los cuales resultaron sexistas, racistas y manipuladores de conciencias. Las redes sociales, que ilusionaron a los activistas en el mundo, culminan la década en el banquillo de los acusados, convertidas en el arma preferida de las tendencias más conservadoras y violentas. Mientras tanto, el teléfono inteligente, que cambió las formas del trabajo y del entretenimiento, trajo también la peligrosa adicción a las pantallas y es responsable de que decenas de millones de personas pasen hasta cinco horas diarias mirándolo fijamente.

Desde luego, hay que ver también el vaso medio lleno. Los últimos diez años nos trajeron relojes que ayudan a monitorear la salud de manera confiable; democratizaron el acceso al entretenimiento y a los contenidos audiovisuales sin necesidad de piratería; ya no hay que hacer fila en los bancos; se puede denunciar una injusticia en Twitter y salvar una que otra vida; se realizan campañas de crowdfunding para apoyar causas nobles, y los empresarios que invierten en tecnología venden más y logran que sus compañías sean más productivas. Hay un montón de cosas nuevas en la vida cotidiana y en el ámbito de los negocios, gracias al poder innovador de la industria de base tecnológica, pero el mundo no está mejor que antes.

El negocio de la tecnología, en lugar de crear un mercado más igualitario, generó grandes compañías que monopolizaron el sector.

El Silicon Valley que el planeta quería imitar hoy está cerca de ser triturado legalmente debido a sus abusos de poder. Un triunfo demócrata en las próximas elecciones en Estados Unidos abrirá las puertas a medidas extremas antimonopolio en contra de las cinco más grandes plataformas tecnológicas del mundo –Google, Facebook, Amazon, Apple y Microsoft entre ellas–, cuyo éxito descomunal las convirtió en obstáculos para el florecimiento de otros emprendimientos y afectan seriamente la economía.

Para ver todo el artículo, fuente: semana.com

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